Pinky y Layla
Pinky era el macho, era precioso, al igual que Layla. Pinky tenía el cuerpo de color azul, la cabeza negra con alguna mancha en blanco y el pico morado. El cuerpo de Layla era amarillo, con manchas verdes, sin embargo la cabeza y el pico eran rojos.
Estos pájaros son capaces de hablar, pero desgraciadamente en mi casa nunca conseguimos que hablaran. Lo que sí conseguimos fue poder dejarlos sueltos por casa y nunca nos dieron ningún problema. Estos pájaros comen de todo: queso, lechuga, jamón serrano, jamón york, pollo, pan…
Desde el primer día estuvimos encantados con ellos y pensamos en aparearlos, para así poder tener crías. A mi padre no le parecía buena idea, por eso al final decidimos no hacerlo.
Tanto yo, como mi familia les cogimos mucho cariño; además, se pasaban todo el día cantando y transmitían un sonido muy bonito.
Durante el día les solíamos sacar a la terraza y siempre había que ponerlos al sol. A la hora de irnos a la cama siempre dormían en la cocina y con una sábana por encima de la jaula. Si algún día se nos olvidaba taparles, era imposible dormir, no paraban de cantar!.
En invierno, durante el día, no les podíamos dejar en la terraza, ya que la temperatura era bastante baja y ellos estaban acostumbrados al calor.
En verano, solíamos dejarlos en la terraza y era impresionante cómo aguantaban el calor, podían pasar todo el día al sol, ¡ era increíble !
El día menos pensado, nos llevamos un disgusto.
Un día de agosto, me levanté, desayuné, salí a la terraza y la jaula estaba vacía. Fue uno de los peores días de mi vida. Desde entonces no volví a ver ni a Pinky ni a Layla.
A día de hoy, todavía les sigo echando mucho de menos y no consigo olvidarlos.
